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EL CASO HAITIANO
Hoy nos vamos a
referir a algo que los dominicanos hemos permitido que suceda, pero
que puede desencadenar en una tragedia por cuanto constituye un
peligro real: la utilización de nacionales haitianos en diversas
laborales.
Una gran cantidad
de haitianos transitan hoy día por nuestras calles portando todo tipo
de armas blancas, cuchillos y machetes incluyendo los llamados ¨saca
hígados¨.
Durante la recién
pasada revuelta haitiana contra el Presidente Jean Bertrand Aristide,
los vecinos haitianos mataron y secuestraron a civiles y militares
dominicanos en la frontera, y profirieron amenazas contra nuestro
pueblo, alegando que esta parte de la isla les pertenecía.
Mientras esto
sucede, en territorio dominicano miles de haitianos exhibían, y siguen
exhibiendo, varios tipos de armas blancas sin que ninguna autoridad
intervenga.
En la
actualidad en nuestro país residen legal é ilegalmente unos dos
millones de haitianos, haciendo todo tipo de actividad laboral y
comercial, en perjuicio de los obreros dominicanos.
Pero más
preocupante aún es el hecho de la gran cantidad de haitianos
involucrados en toda clase de delitos en territorio dominicano, los
cuales, una vez son puestos en libertad, al cumplir su condena o salir
de la cárcel mediante recursos ¨legales¨, se quedan residiendo
ilegalmente en el país de manera inexplicable.
Es
tiempo de que las autoridades nacionales tomen medidas en el caso de
los haitianos que portan toda suerte de armas blancas en las calles,
pues es bien conocida su ferocidad y su tendencia a la violencia,
debido a la cruda realidad que desgraciadamente han tenido que
enfrentar desde niños.
Ojalá que se preste atención al llamado que hacemos a traves de este
medio
FUMIGUEMOS
En entregas
anteriores a través del Semanario EL CARRIL, el suscrito clamaba, en
nombre la comunidad, a la Secretaría de Salud Pública, así como a
cualquier otra dependencia estatal o privada, que acudieran en auxilio
de la comunidad de Monte Llano, realizando jornadas periódicas de
fumigación, para combatir así la insoportable plaga de mosquitos que
existe aquí.
Decíamos entonces,
que por nuestra situación geográfica, ubicados en una zona de bajo
nivel, éramos terreno fértil para el establecimiento de estos y otros
insectos, debido a la acumulación de aguas y todo tipo de desechos
líquidos que son vertidos en las zanjas principales de desagüe, las
cuales casi siempre se mantienen estancadas debido principalmente a
que no tienen salidas naturales, por la configuración que ya
mencionamos anteriormente.
En la actualidad
la población de Monte Llano es víctima de la gran cantidad de
mosquitos que albergamos, a cualquier hora del día y de la noche.
Justo es,
entonces, que volvamos a insistir ante cualquier instancia, para que
se restablezca el servicio de fumigación periódica en la Villa Monte
Llano.
Una fumigación
perimetral, periódica y efectiva en la zona de Monte Llano, evitaría
que en esta zona se aposenten epidemias que afecten la de por sí débil
salud de os pobladores de esta ciudad, creando una situación indeseada
para nadie.
Ya está dicho: la
mejor de las medicinas es la preventiva.
Seamos preventivos
en este momento, en que tantos problemas agobian a la población del
país y evitemos que sobre todo los niños de esta zona, se vean en
peligro de muerte•
Durante los cortos períodos que laboré
como Secretario de las Salas Capitulares de los Ayuntamientos de Sosua y
Monte Llano, en el año 1991 en el primero y del 2000 al 2002 en el
segundo, fue motivo de inquietud y preocupación para mi comprobar que
los trabajadores que se ocupan del manejo de la basura, reciben un
salario aún hoy tan miserable.
En igual situación se encuentran los
obreros que se encargan de acondicionar las zanjas en las que se
vierte todo tipo de desecho líquido, casi siempre sin estar dotados de
los equipos de protección necesarios para el manejo de estos
elementos.
El empleado municipal es un ente al
que se le niegan todos los derechos imprescindibles a su condición de
ser humano, llegando a considerarse que están en sus puestos por obra
y gracia del jefe de turno, y expuestos al estado de ánimo en que se
encuentre tal o cual día, un Inspector, Supervisor, Regidor de la Sala
Capitular, El Sindico o cualquier otro de los muchos jefes que hay.
A estos obreros, generalmente
personas de los sectores más pobres de la sociedad, el Código de
trabajo y la Ley del Servicio Civil expresamente los excluye de sus
beneficios, cuando debiera ser todo lo contrario, mientras este
infeliz servidor rinde su trabajo sin la esperanza de que algún día se
produzca un cambio en la visión del Legislador, y se revierta su
situación de desamparo social.
Estos laboriosos y olvidados
trabajadores no tienen ni siquiera derecho a vacaciones anuales,
prestaciones laborales y otros beneficios que consignan las layes a
los empleados y trabajadores públicos o privados.
Por razones fundamentales, considero
necesario que se inicien cuantas acciones fueren necesarias para
cambiar la valoración que se tiene de estos servidores, que solo
cuentan con la amistad y/o confianza del político de turno, el carnet
del partido acompañado de una "carta de recomendación", esto casi
siempre condicionado a que el compañero recomendado sea una persona
fiel a sus intereses personales.
UNA EXTRAÑA HISTORIA DE
AMOR
Cuando la conocí tenía apenas 16 años de
edad. Fuimos presentados en una fiesta privada, por un tipo que decía
ser mi amigo "FULL".
Aquello fue amor a primera vista; ella me
enloquecía cada vez que la tenía.
Nuestro amor llegó a calar a tal punto en
mi existencia, que ya no podía vivir sin ella.
Cuando la tenía la disfrutaba como si
aquella iba a ser la última vez, y cuando no la tenía sentía que la
necesitaba desesperadamente, y salía a buscarla a cualquier hora.
Pero era un amor prohibido, pues mis
padres nunca la aceptaron. Por su culpa fui expulsado del colegio, y
entonces comenzamos a encontrarnos a escondidas.
En esa etapa ya yo no aguanté más, me
volví como loco; yo la quería, pero no la tenía.
Yo no podía permitir que me apartaran de
ella; yo la amaba. Un día destrocé el coche, rompí todo dentro de la
casa y por poco mato a mi hermana. Estaba loco; la necesitaba.
Hoy tengo 39 años, estoy internado en un
hospital, soy inútil y voy a morir abandonado por mis padres, amigos
y. . . Por ella. Su nombre: Cocaína, a ella le debo mi
amor, mi vida, mi destrucción y mi muerte.
(Escrito por Freddie Mercury, poco antes
de morir de SIDA en 1991.)
Cortesía de: Ramón Pérez Vargas - Pachín
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